Punto de vista de Priscilla: Era tan amable, tan amoroso, que no podía parar. No quería hacerlo. Así que, con mucha persuasión por parte de él, logró guiarme hasta arrodillarme. —Yo-yo no sé cómo... —logré decir, pero él me guio bien. —Eso es... lo estás haciendo muy bien, amor —dijo Tristen suavemente. Me besó en todos los lugares que pudo. En mis omoplatos, en mi espalda, en cualquier lugar donde sus labios podían tocar. Me tomó por detrás por el mismo lugar que antes. En esta posición, me sentía aún más lasciva que nunca. Deslizó una mano hacia adelante y se movió hacia adelante, directo al lugar que me hizo gritar de éxtasis. —Me estás matando aquí —gemía Tristen. Tristen sostuvo ambos de mis senos para mantener su peso. Luego, sus dedos se apretaron en la suavidad, como malva

