Después de algunos minutos, hubo un suave golpe en la puerta, y Lucas besó la cabeza de Ember y la abrió. Se sorprendió al ver a Zack, uno de los guardaespaldas cercanos y personales de Tristen, parado allí. Zack era un hombre alto, corpulento, de piel oscura y cabeza rapada que había estado sirviendo a la familia durante años. Había sido asignado por su padre, el Alfa Dominic, para vigilar a Tristen desde que era adolescente. Y Tristen, siendo quien era, siempre se mostraba reacio a tenerlo rondándolo todo el tiempo. —¿Zack? —llamó Lucas sorprendido, y Zack hizo una pequeña reverencia con respeto. —Alfa Lucas —dijo, con la voz profunda y ronca. —Hace tiempo que no te veo, Zack. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó Lucas, y la cara de Zack era tan seria como siempre. —Asuntos importantes,

