El invierno había llegado a la ciudad de Stratford-Upon-Avon, cubriéndola y a sus alrededores con una capa profunda de nieve polvorienta. En el bosque, no muy lejos de la ciudad, estaba la casa de la Manada de la Luna de Sangre. Una casa grande se erguía en el borde del río congelado, cubierta de luces navideñas y rodeada de árboles desnudos. Una pequeña capa de nieve se aferraba a las ramas. Elijah se paró junto a la ventana, observando a sus gemelos deslizarse por el sendero. —¿Se han ido? —dijo Scarlett desde donde vertía chocolate derretido en un recipiente de vidrio. —Sí, y estoy seguro de que ambos sabemos a dónde van —respondió Elijah, una sonrisa divertida en sus labios. Como siempre, a los gemelos les encantaba escaparse a la casa de su bisabuela Amelia. “Están en camino h
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