—Elijah, sé que estás preocupado por ella, pero no puedes ayudarla ahora mismo. No estás emparejado —dijo Jackson, su ira disipándose, colocando sus manos en los hombros de su hijo, preguntándose cuándo había crecido tanto. A pesar de sus diferencias recientes, él había crecido como hombre. Elijah ya no tenía voluntad para luchar más. —La amo, papá, ella me necesita —dijo en voz baja. Los ojos de Jessica se abrieron sorprendidos, mientras Amelia escondía una pequeña sonrisa, orgullosa por una vez del joven Alfa. Jackson fue el último en entender, suspirando mientras lo miraba compasivamente. —Y me alegra escuchar eso, hijo... pero no puedes irte, tu lobo… —se quedó sin palabras, dándose cuenta de la verdad. Elijah no hablaba de amor fraternal. Hablaba... —Déjalo ir, Jackson.

