14 cuando salí de la oficina de mi hermano, el señor Lombardo me intercepto. — ¿puedo hablar contigo? — Me preguntó. Yo lo dude por un momento pero después asentí con la cabeza. Él me llevo al jardín, allí no había nadie, así que podíamos hablar bastante agusto. — Se que te gusta Viviano, y por lo que acabo de ver, a el también le gustas — Me dijo. Yo levanté la ceja, que se supone él había visto. — No lo entiendo — Le dije un poco nerviosa. — Ví como Viviano te comía con la mirada, y estoy seguro que en esa oficina no solo platicaron — Me dijo el con una enorme sonrisa. — A Viviano se le nota a leguas que está loco por ti — Me dijo. Yo trate de no sonreír, pero me ponía muy feliz escuchar esas palabras de la boca del abuelo de Viviano. — Pero hay un problema, Viviano es muy tes

