–¿Crees qué así quedó bien? –preguntó Riley, se dio la vuelta para ver a Nadir que estaba parado detrás –. Ah sí, lo olvide, no hablas –suspiró –. Sabes, creo que estoy comenzando a acostumbrarme a tu silencio, eres como un espejo, puedo decir lo que quiero y meditar en voz alta, a veces se me ocurre una idea en mi cabeza, pero cuando la digo en voz alta, ya no suena tan genial. Ojalá Nadir pudiera decirle que se callará, estaba cansado de escuchar las epifanías de Riley, era todo un dolor de cabeza, ojalá pudiera distraer su mente en otra cosa, pero Riley hablaba demasiado fuerte, intentaba repetirse mentalmente que era su trabajo y debía soportarlo, aunque Kalia no le había dado un tiempo exacto de lo que duraría ese trabajo. –Ya quedó, me gustan los lirios –señaló Riley –. Eso de la

