En la madrugada, el teléfono de Amelia comenzó a vibrar una y otra vez sobre la mesita de noche. La luz de la pantalla iluminaba su rostro cansado, revelando ojeras y una expresión cargada de ansiedad. Más de diez mensajes de Fernando llegaban con apenas segundos de diferencia. > “Estoy en casa. Por favor, dime cómo estás, cómo te sientes.” “Tenemos que ir al doctor.” “Mañana mismo voy a regresar para que vayamos al médico.” “Si es probable que estés embarazada, no quiero que me lo ocultes.” “Por favor, esta es la señal que necesitaba para poder hacerme cargo de ustedes, de ti y de mi hijo.” “Por favor, avísame.” “Contéstame.” “Yo sé que estás con Esteban, pero al final yo soy el padre de ese bebé, si es que estás embarazada.” “Por favor, no me niegues la oportunidad de ser pa

