**BIANCO** Me apoyé con todo mi peso contra el robusto marco de la puerta, sintiendo cómo una pequeña fisura comenzaba a abrirse en mi impenetrable armadura de odio, esa coraza que tanto tiempo me había costado forjar. La escena que se desarrollaba ante mis ojos era algo que mi mente, obsesionada con la venganza, jamás había contemplado ni imaginado posible. Ver a la hija de mi más acérrimo enemigo, esa persona a la que tanto daño deseaba, postrada ante la víctima de las crueldades cometidas por su propia familia, implorando clemencia y perdón con una sinceridad palpable, era algo que mi estricto código de venganza simplemente no había previsto en absoluto. En ese preciso instante, rompiendo el silencio tenso y cargado de emociones, el teléfono móvil de Angela, el mismo que yo mismo le h

