**BIANCO** Cuando el primer vehículo frenó en seco, levantando una nube de polvo sobre el asfalto de la gasolinera, me puse en pie. No lo hice con el esfuerzo de un herido, sino con la rectitud de un verdugo. Ignoré el dolor punzante de mi hombro; en mi mundo, mostrar debilidad frente a los subordinados es una invitación a la traición. —Señor —dijo el jefe de mi escolta, bajando del coche y bajando la cabeza en señal de respeto—. Pensamos que… —Pensasteis mal —le corté. Mi voz ya no era el hilo ronco que hablaba con Angela; era una cuchilla de afeitar—. Vuestra incompetencia en la carretera casi nos cuesta la vida. Hablaremos de las consecuencias en Sicilia. El hombre palideció y dio un paso atrás. La atmósfera en la gasolinera cambió drásticamente. El empleado de la tienda, que ant

