**ANGELA** El SUV blindado se detuvo finalmente, pero no estábamos en una cabaña lúgubre ni en un búnker subterráneo. Al mirar por la ventanilla, me quedé sin aliento. El complejo residencial era una fortaleza de elegancia y silencio, un laberinto de villas de mármol y jardines perfectamente podados donde vivía la élite del país. Aquí, el dinero no solo compraba lujo, compraba invisibilidad. Los guardias del recinto nos dejaron pasar con una reverencia, sin sospechar que en el interior de estos vehículos se gestaba el fin de una era. Entramos en una de las casas y el despliegue fue inmediato. Los hombres de Bianco se movían con una eficiencia militar que me puso los pelos de punta. —Por aquí, señorita Colombo —dijo uno de los escoltas, señalándome una escalera de caracol. Miré por enci

