Capítulo 2. Nada tiene sentido Ya habían pasado varios años desde que conseguí potenciar mis capacidades, esas que me había traído tantos problemas y que con la práctica y el entrenamiento había conseguido adiestrar. Al principio me venían esos flases, que incluso me hacían perder la conciencia, algo bastante incómodo ya que llegaba hasta a caerme, con las consecuencias posteriores de que al despertarme estaba dolorido y en ocasiones hasta contusionado. No sé por qué, pero con el tiempo esas experiencias, por así llamarlas fueron siendo cada vez más frecuentes, puede que sea por exigencias de las circunstancias, al iniciar mi colaboración con la policía. No sé si funciona así, pero empecé a obtener “respuestas” a los casos en los que participaba. Creo que fue sin querer, por así decir,

