Ruyman. -“Y esto fue lo que, por vuestra locura se buscarme pareja, sucedió”- le dije a los cuatro hombres que tenía delante de mí, mientras cogía una taza café y un sándwich de la mesa de desayuno. Por lo visto como tardábamos mi asistente doméstico, nos trajo el desayuno al despacho, mientras yo les contaba que había sucedido la noche anterior, y como Humberto Marchetti había hecho que firmara el contrato sin leerlo, o más bien como mi estúpido orgullo, me había metido en ese lio. - “Ósea ¿me estás diciendo que esas reuniones de solteros no es otra cosa que trata de mujeres?”- me pregunto mi padre. -“ Si, y eso no pude salir de aquí firme un documento de confidencialidad, si lo rompo puedo perder parte de mi fortuna. Y una parte del grupo C. P.A. pasaría a manos de uno de los mafio

