Dennis tiró de sus manos y sus labios se torcieron de dolor cuando la cuerda quemó en la piel de sus muñecas, más no hubo ninguna otra señal de que pudiera sacarla o romperla de la barra de fierro sobresaliente de la pared sobre su cabeza a la cual estaba atrapada. En sí, era increíble lo firme que se mantenía la barra a pesar del estado tan decadente del edificio abandonado en general, Dennis ya había visto y escuchado por lo menos a dos ratones diferentes y de un grotesco tamaño grande, sin contar con las cucarachas. Si sus padres no lo mataban, no dudaba de que estos lo dejaran a la merced de aquellos animalitos de largas colas para alimentarlos con su cuerpo. Soltando un suspiro, Dennis giró su cabeza a la derecha y contempló al joven vampiro olvidado a su lado, quien luchaba por re

