Dennis arqueó su espalda, sacando más su trasero y sus dedos se enroscaron con fuerza alrededor del fierro circular que actuaba como banda de seguridad y rodeaba todo el contorno de lo que sería la azotea de Cian. —Mmh, parece que alguien ya no está tan preocupado por ser visto —ronroneó Cian, soltando sus caderas para inclinarse y cubrir su espalda, colocando sus manos sobre las de Dennis. En respuesta, el dulce humano gimió largamente mientras se empujaba a sí mismo contra su vampiro, yendo al encuentro de sus empujes. —Y pensar que cuando te quité la ropa eras una cosita tímida que apenas dejaba salir un susurro —se burló con cariño, restregando amorosamente su nariz por la curvatura de su cuello. —Cian —jadeó Dennis, estremeciéndose suavemente. —¿Qué? Es la verdad —sonrió y desliz

