La mañana pintó el cielo con colores cálidos, anunciando un día nuevo, y Valeria, Daniel y Ana, después de una noche de reflexión y charlas reconciliadoras, se levantaron con ganas de encarar juntos lo que venía. El olorcito a café se colaba por toda la casa mientras el sol iluminaba cada rincón. Valeria, todavía lidiando con el enredo de emociones, decidió refugiarse en el jardín. Daniel la siguió, sabiendo que el día iba a traer desafíos y tenían que afrontarlos en equipo. Bajo la sombra de un árbol añejo, Valeria y Daniel se sentaron en plan reflexivo. Las olas de fondo sonaban como si quisieran decir algo. Ana se unió con su mirada tranquila pero llena de emociones, completando el cuadro de un trío listo para encarar lo que venía. —Che, necesitamos charlar de cómo seguimos, ¿no? No

