San Martín, en la cúspide de su historia de unidad y celebración, se encontraba ante un horizonte lleno de posibilidades. Las mareas de la renovación y la trascendencia bañaban el pueblo costero, instigando cambios profundos y guiándolo hacia una nueva era de grandeza. Isabella, Daniel y la comunidad, imbuidos de la esencia del amor y la aceptación, se preparaban para enfrentar desafíos que trascenderían las fronteras de lo conocido. El faro, testigo silente de innumerables capítulos, se sometió a una renovación significativa. Ingenieros y artistas locales se unieron para restaurar su estructura, preservando su historia y al mismo tiempo incorporando tecnologías modernas que aseguraran su resplandor por generaciones. La ceremonia de reinauguración se convirtió en un evento monumental, sim

