CAPÍTULO DIECINUEVE Al día siguiente, una tortuga volvió a morder a Megan durante el desayuno. Justin no pudo evitar preguntarse si era una completa coincidencia. Supuestamente no la había visto en el suelo, y cuando trató de chuparle un trocito de manzana del dedo del pie, se puso furiosa. La fruta y los cruasanes saltaron por los aires. Una cafetera de cristal se volcó y rodó sobre el regazo de una turista alemana inmaculadamente vestida. Al final, Justin tuvo que escaparse por un porro para calmar sus nervios. Este viaje, sin embargo, era diferente a lo que estaba acostumbrado. Megan parecía capaz de convertir cualquier cosa en un drama. Era agotador. Cuando regresó a la mesa del desayuno, todo estaba resuelto. El mesero había cortado una manzana en trocitos. Megan se la estaba d

