CAPÍTULO DIEZ Justin estaba dormido, soñando con Trudy, pero una voz lejana le hacía difícil concentrarse en el objeto de sus deseos. Sonaba como si estuviera escuchando una radio a través de una pared. “Señor, señor, puede despertarse por favor”. Frunció el ceño y se pasó el brazo por la cabeza. “Señor, señor”. Ahí estaba de nuevo. Abrió los ojos. Una azafata se inclinaba sobre él. Su expresión sugería que quería sacudirlo con mucha delicadeza. “¿Podría despertarse, por favor, señor? Está usted babeando a la señora de al lado, y a ella no le gusta”. “Lo siento”, susurró a su compañero de viaje. Una mujer de mediana edad le devolvió la mirada. Se secó teatralmente con un pañuelo en el hombro lo que él supuso que era su saliva. Justin sonrió tímidamente y se limpió la boca. “Lo s

