Todo el día había estado ansioso porque dieran las diez y cuando por fin dio la hora me sentía nervioso, era algo extraño, jamás me había puesto así. Subí al auto, con el mismo chofer. –Hola –saludé. –Blake, hola –respondió–, ¿a dónde? –A la boutique Redmond –le hablo mientas escribía en mi móvil. –¿Boutique Redmond? –pregunta confundido. –Sí, sí sabe dónde está ¿verdad? –le miro. –Claro, es solo que, pensé que tendría que verse con Natasha –me habla inseguro. –Sí, ella está allá –le hago saber con una sonrisa. Observo como sonríe el hombre y asiente arrancando el auto. Después de cuarenta minutos llegamos a la boutique, me bajo y de inmediato los pocos recuerdos que me quedaban invaden mi mente, sacudo mi cabeza decidido a sacarlos para siempre y hacer nuevos. –Hola –le hablo a
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