Entrelazo mis manos, colocando mis ojos en la guantera del tablero del auto. Hago ademán de presionar el botón para abrirla pero un chasqueo de su lengua me detiene a medio camino. ─No, gatita, no querrás abrir eso ─manifiesta, dándome más motivos para abrirla. Hago caso omiso, haciéndolo rápidamente. En ella encuentro un arma plateada, de un peso mediano. La tomo rápidamente en mi mano, apuntándole. ─Baja la maldita velocidad ─ordeno, quitándole el seguro al arma. Mi corazón late con fuerza. Ares sonríe, sin hacerme caso aún. ─¡Hazlo! ─Insisto, afincando el cañón en su coronilla. Él resopla, crujiendo su cuello con ofuscación. Aprieta el volante, golpeándolo con la palma de sus manos. Comienza a bajar la velocidad, manteniéndola a sesenta kilómetros por hora. Considerable para pod

