─No sé quién es usted ─murmura, imitando una voz. Visualizo sus brazos descubiertos ya que carga una franelilla sin mangas y de denotan sus tatuajes característicos. ─Oh, entonces puedo gritar tu nombre y quizás no llamen a la policía ¿Cierto? ─Inquiero. Él toma eso como una amenaza girándose. Baja sus lentes oscuros y esbozo una sonrisa por la gorra roja. ─Eres pésimo para ocultarte y eso que eres un buen mafioso ─destaco. Él me encara, inclinándose. ─Perdóname ─murmura, se escucha la sinceridad en su voz, pero es reciente el dolor. ─Tendré que verte sufrir más o ver tu sangre correr, para poder perdonarte ─advierto. Sus ojos se abren con sorpresa. ─Diosa… en serio, yo… ─Tienes un minuto para salir de aquí, sino, tendré que hacer un espectáculo para deshacerme de ti ─interven

