Me acomodo a su costado, observando su espalda musculada y su gran tatuaje. Las sábanas nos rodean, mientras mi nulo sueño me tiene con los ojos abiertos y la mente alborotada en pensamientos. Levanto mi mano, acariciando su piel, encontrándome con texturas que erizan la mía. Líneas gruesas, cicatrices que me hacen pensar que llegaron a ser heridas muy dolorosas. Muerdo mi labio inferior, bajando mis dejos hasta el inicio de su columna, encontrándome con otra cicatriz. Inesperadamente, él se gira, encarándome con su rostro. ─No vas a abusar de nuevo de mí ─murmura somnoliento. ─Solo estaba… ─Son las heridas de mi peor error ─gruñe, interrumpiendo. Dejándome por sentado que no desea tocar más el tema. ─También tengo cicatrices ─susurro, observando cómo mantiene sus ojos cerrados y

