Camino de un lado a otro en mi oficina, aún alterada y sin que Ares quiera decirme algo más. Él permanece sentado en la silla, mientras trato de sopesar los sentimientos en mi interior junto con los pensamientos que se aglomeran. ─¿Siempre lo supiste, todos me vieron la cara de idiota? ¡He llorado mares por él! ─Exclamo, Ares permanece mirándome con una sonrisa. Estira sus guantes negros de látex, para suspirar y levantarse de la silla. De inmediato, saco mi arma personal con rosas grabadas en ella, para apuntarle─. No te vas de aquí hasta decirme algo más…Hércules ¿Está vivo o no? ─Insisto. Él niega con la cabeza, ignorando el cañón de mi arma para caminar hacia la puerta. ─Lo sabrás por tu cuenta, no soy quien deba decirte todo ─expresa sin más. Aprieto el arma en mis manos, sin deja

