─¿Extremidades? ¿O darles el perdón como a Ares? ─Inquiero, su cejo se arruga con enfurecimiento ante mi insinuación. Esbozo una sonrisa, vislumbrando su enojo. ─Él nunca ha sido perdonado. Pagó por su error ─acota, algo en mi interior me indica que hay una verdad oculta en sus palabras. Encojo mis hombros, caminando hacia la puerta. ─No te vayas a tocar sexualmente con los diamantes, siento que estás a punto de hacerlo ─suelto con gracia. ─¡Fuera de aquí! ─Exclama, sobresaltándome. Salgo de su oficina, borrando la sonrisa que estaba en mi rostro, mientras bajo las escaleras. ─Vámonos ─menciono hacia Hércules, quien esperaba por mí. ─¿Todo bien? ─Inquiere con cierta preocupación que me sorprende. ─Acabo de entregar parte de mi salvoconducto… no estoy tan bien ─menciono con pe

