Luego de unos minutos, salgo del bosque, con los diamantes en mi chaqueta. Sacudo mis manos, mirando el auto, donde se encuentra Hércules recostado, fumando un cigarrillo. Suelta el humo en el aire, pareciendo tan sereno y sensual. Me acerco a él, llamando su atención. ─¿Los tienes? ─Inquiere, impaciente. Asiento con mi cabeza, tomando la colilla de su cigarrillo para tomar una calada. Mientras le esbozo una sonrisa. ─Eres a la única que le permito arrebatarme el cigarrillo ─comenta, atrayendo su cuerpo al mío. Suelto el humo en sus labios mientras él lo aspira. ─Es porque estás enamorado de mí ─manifiesto, y él toma mis labios en una respuesta afirmativa. ** Llegamos a la casa o mansión del Boss, los lacayos abren la puerta para nosotros anunciando nuestra llegada. Admiro de

