Alonzo Cuando mi madre salió del interior de la casa para recibirnos, lo hizo con una expresión seria que me sorprendió bastante. Steffano tomaba las manos de ambos en medio de nuestras posiciones y también posó sus enormes ojos café en ella. La cara de Lia se tornó incómoda con justa razón, aunque intentaba disimularla con la timidez característica en su persona. –Mamá, qué bueno que ya estás aquí, te presento a Lia y a su hijo Steffano. –Quise quitar un poco de la tensión que se había formado en el aire, aunque su gesto duro no parecía ayudar mucho ya que la escaneó por completo– –Buenas tardes, es un placer, Steffano, cariño, saluda. Saludó con amabilidad e incitó a que el pequeño hiciera lo mismo. Cuando mi progenitora demoró en responderle supe que había sido una mala idea lleg

