Me hundo en el asiento a llorar, ¡Dios Mio!, como me puede pasar esto, acaso estoy pagando algo y no lo sé, no merezco ser feliz con ningún hombre, el ruido del teléfono me saca de mi ensimismamiento, ¿ahora qué? -Dime Martha. - Empiezo a limpiarme las lágrimas. -Aquí están las señoritas Lamas y Fuentes, quieren hablar con usted. -Vale, hazla pasar y mándame los demás informes con ellas Martha, gracias. - Me arre cuesto del espaldar, trato de quitarme mis lágrimas antes de que me interroguen las chicas, es lo más seguro. - ¿Se puede saber por qué no fuiste almorzar y a contarme lo de anoche? - Gruñe Carmencita entrado a la oficina, lanza los informes en el escritorio, está tan alterada. -Se dice hola, segundo, no pegues gritos con la puerta abierta ¿O es que quieres que todo el mu

