Nate. Después de dos días en los que he ignorado las llamadas provenientes del teléfono de Jane porque sé exactamente lo que me va a decir, me veo en la obligación de contestar cuando me llama más de cinco veces en menos de dos minutos. Su insistencia es tanta que despierta la curiosidad en mí. Tengo que aparcar el coche a un costado de la carretera para que no me choquen ni provocar uno, y así recién recibir la llamada. —Hola—digo, apenas respondo—. ¿Qué pasa? ¿Cómo están? Estoy esperando uno de sus pedidos como que se está esperando a que contrate una empleada doméstica, un chef privado e incluso un sesión de fotografías pre mamá que es algo que siempre ha querido hacer, sin embargo solo puedo escuchar llanto del otro lado del móvil, lo que me deja pensando demasiado. —¿Jane?

