CAPÍTULO CINCO. Angelo Leroy. Mi familia me tiene harto con toda esa mierda de que debo casarme, que debo tener un hijo, que voy a morir solo. Como si al nacer lo hiciéramos acompañados y al morir de la misma forma. Pongo los ojos en blanco al recordarlo; sus voces resuenan en mi cabeza como un disco rayado. Pero no les voy a dar el gusto. No voy a buscar una esposa por apariencia ni voy a salir corriendo a complacer sus deseos dinásticos solo porque ellos lo digan. No soy un peón en su tablero. Les voy a dar una sorpresa. Quieren un heredero, se lo daré, pero bajo mis propias reglas. Por eso ya estoy en trámites con la clínica de fertilidad de la que soy socio desde hace tiempo. Con la ayuda del director, Viktor, todo será más sencillo y, sobre todo, discreto. Él es uno de los especi

