Henry se pasó las manos por el torso. La ropa de vinilo le sentaba realmente bien y era diferente a todo lo que había llevado antes. El chaleco encorsetado no le resultaba tan incómodo como había pensado mientras se lo ataban. La situación era extraña, pero había estado en entrevistas de trabajo más extrañas; al menos hasta el momento nadie estaba intentando que vendiera condominios de tiempo compartido en las Bahamas o que se uniera a una estafa piramidal. Cabía la posibilidad de que lo estuvieran reclutando para una secta, pero él no lo creía. El hecho de que todas las mujeres -y sólo eran mujeres con las que había hablado, que tomaron nota de su nombre, que le enviaron a cambiarse de ropa, que le dijeron adónde tenía que ir después- siguieran refiriéndose a su entrevista como una audi

