La puerta principal de la casa era azul. Era la única puerta azul del barrio, así que Mark supo que estaba en el lugar correcto. Llamó al timbre y esperó. La puerta se abrió, pero no había nadie. "Hola", dijo al entrar y mirar a su alrededor. Un gran póster enmarcado colgaba de la pared junto a una hilera de perchas vacías. El póster no era arte, era una lista. Instrucciones. Siguiendo lo que leía, Mark se quitó el abrigo y lo colgó. Luego subió las escaleras. Había tres puertas, todas numeradas. Las instrucciones enmarcadas le decían que llamara dos veces con fuerza y entrara en la habitación número tres. En el centro de la sala había una mesa de exploración y sobre ella otra página de instrucciones impresas. Se apoyó en la mesa acolchada mientras leía. Con un encogimiento de hombro

