En llamas

1985 Words
El lugar era como cualquier otro sótano; lleno de cosas inservibles, desorden, suciedad y moho. Pero además de eso, había una pequeña celda en una esquina. En ella, tres niños pequeños apiñados de tal forma que tenían que abrazarse para caber en la pequeña prisión de barrotes oxidados. Lloraban y sus pequeños ojos se iluminaron al verme. Me acerqué, apreté un par de barrotes con mis puños y los estremecí como si fuera capaz de romperlos, la superfuerza no estaba entre mis habilidades especiales, pero no estaba demás intentarlo. Escuché pasos; alguien bajaba las escaleras, acomodé un mechón de pelo detrás de mi oreja, cerré los ojos y pude escuchar a la directora Rajkovick hablando con alguien más —Tú úsalos para lo que desees, están sanos y... Abrió la puerta, estaba más cerca de lo que creí, no pude hacer más; me planté entre la directora Rajkovick y la jaula, ella y su acompañante me miraron y se miraron entre ellos. —¡¿Levana?! Cariño ¿cómo llegaste hasta aquí? —preguntó con su cara de mosca muerta. —¡¿Qué narices está ocurriendo?! —¿Qué es lo que crees que está ocurriendo, Levana? —Saque a lo niños de aquí ahora —escuché pasos, alguien más entró —Zoran, gracias a Dios —dije en un suspiro— por favor, ayúdame a sacar a estos niños de aquí, la señorita Rajkovick...ella los...no sé que tenía planeado hacer con ellos... Zoran miró a la directora Rajkovick intrigado, caminó hacia a mí, se paró detrás y escuché como se abrían las rejas. Me di la vuelta y sentí un gran alivio, ahora solo tenía que encontrar la forma de sacar a los niños, pero antes de que pudiera hacer algo, Zoran me jaló del cabello con tal fuerza que sentí como me arrancaba algunos mechones. Me empujó hacia adentro de la jaula y la cerró nuevamente. —Gracias cariño —dijo la directora viendo a Zoran de una forma lasciva —y tú, eres una completa imbécil—acercó su rostro a los barrotes — pudiste regresar a tu país, rehacer tu vida con tu tío rico, pero no...tenías que inmiscuirte en mis asuntos...baahh —gruñó —ahora tendré que inventar algo que justifique tu desaparición, que te escapaste, que te suicidaste igual que tu madre...ehh...ya veré. ¡Zoran! —gritó —ya regreso, vigila que no escape. Me sentí como una completa idiota, tenía que aprender a leer a la gente, aunque la directora Rajkovick me pareció una mala persona desde el momento en que hablé con ella, jamás creí que Zoran fuera un mal chico. Me acurruqué junto a los tres pequeños en la jaula, era la única forma de que los cuatro cupiéramos en ella. Pensé en convencer a Zoran de que me ayudara, tal vez estaba siendo coaccionado de alguna forma para ayudar a la malvada directora, pensé en las palabras perfectas para convencerlo, y mientras organizaba mis ideas, descubrí que tenía otro poder, y era, por mucho, el más genial de todos. —¡Ya déjame en paz! —gritó Zoran, pero yo no le había dicho una sola palabra...¿estaba escuchando lo que decía en mi mente? ¿realmente podía comunicarme de esa forma? Sí, si podía... “Zoran...tienes que darme las llaves, ¡Ahora!” dije en mi mente y entonces descubrí que no solo podía hacer que me escuchara, también podía hacer que me obedeciera. Zoran sacó las llaves de su pantalón de gabardina azul y me las entregó, sus ojos estaban desorbitados, sus pupilas dilatadas. Sudaba a chorros. Abrí la reja... “ve por ayuda” Zoran salió corriendo —¡Vamos niños! salgamos de aquí Salimos del sótano y al llegar a la cocina,  vi a Jasna correr hacia mí, iba de la mano de Zoran —Levana ¡¿qué pasa?! ¿por qué Zoran está así? —Jasna, gracias a Dios —pensé un rato antes de seguir hablando, tal vez Jasna también estaba involucrada en todo ese embrollo, me caía muy bien y al parecer, todos aquellos que me caían bien resultaban ser malas personas —¡Chicos! ¿qué ocurre? —preguntó la directora mientras caminaba hacia nosotros, estaba tan concentrada en Zoran y Jasna que no la había notado. —Directora Rajkovick, no sabemos que ocurre —dijo Jasna que sujetaba la mano de Zoran con fuerza —Zoran me dijo que viniera, que necesitaba ayuda y Levana, Levana...apenas nos encontramos, no me ha explicado lo que pasa —La directora Rajkovick —grité— ella iba a vender a estos niños —agregué con la voz ya quebrada, pero hablando muy rápido para que nada ni nadie me impidiera decir la verdad. Los pequeños se ocultaron detrás de mí —Por Dios, Levana ¿¡qué cosas dices, cariño? —la voz de la directora era calmada y apacible —niños, vayan a sus habitaciones, les he dicho que la cocina no es lugar para jugar —Ellos no irán a ningún lado —grité y supe que parecía desquiciada, Jasna me veía incrédula —vamos, Zoran, dile a Jasna lo que ocurre —las mujeres que trabajaban en la cocina se habían acercado a contemplar la escena, cuchicheaban entre ellas. —Jasna, te dije que necesitaba ayuda porque Levana enloqueció, dijo que estos niños eran sus hermanos que se los llevaría con ella, enloqueció y no podía hacerla entrar en razón. Ustedes se llevan bien, así que...creí que tú... Los ojos de Zoran habían regresado a la normalidad —Levana, por favor deja ir a los niños —dijo Jasna —imagino que no has tenido una vida fácil; ninguno de nosotros la ha tenido, pero...esto...esto es demasiado —No me creas si no quieres, Jasna...La directora Rajkovick es un monstruo y Zoran la ayuda con... —hice una pausa— niños, ustedes saben la verdad me di media vuelta y me puse de rodillas, díganlo todo, cuéntenle a mi amiga Jasna lo que les hizo la directora Rajkovick —¡Basta! —la directora dio un grito y vi el terror en los ojos de los pequeños —esto se ha salido de control. Todos vuelvan a lo suyo, Levana, eres una malcriada en busca de atención y no te daré el gusto. Ustedes; vuelvan a trabajar —le habló a las señoras de la cocina, Jasna, regresa a clases, niños a sus habitaciones, Zoran, continúa con la limpieza del sótano, Levana, a mi oficina. Todos caminaron como hormigas, cada uno a hacer lo que la directora había ordenado, menos yo, me quedé parada, vi a esa malvada mujer a los ojos, una corriente eléctrica me recorrió todo el cuerpo, desde la coronilla hasta las plantas de los pies, deseé quemarla viva, y nuevamente esos pensamientos se apoderaron de mí... “salgan de la cocina” dije en mi mente y todas las mujeres salieron “entra a la jaula y arroja la llave lo más lejos que puedas”, no sabía si Zoran me había obedecido. Mi cuerpo ardía, cerré los ojos, sentí una punzada en el pecho y después, una fuerte explosión que me arrojó al suelo. Cuando abrí los ojos todo estaba en llamas; había hecho explotar las tuberías de gas. El cuerpo de la directora Rajkovick, estaba tendido junto a mí, aparté un mechón de cabello y lo acomodé detrás de mi oreja, cerré los ojos, escuché latir su corazón, también escuché gritos de desespero, me puse de pie y corrí hacia los gritos. El fuego se extendía muy rápido por todo el orfanato. Corrí hacia mi habitación, cogí el diario de mi madre, mi pasaporte y el boleto de avión a Canadá y los metí en una mochila, luego ayudé a todos los que pude a salir de ahí. Todos contemplábamos desde afuera como ese lugar al que mucho de esos niños llamaban hogar, se desmoronaba mientras ardía en llamas. Busqué a Jasna entre la multitud de personas, puse un mechón de cabello tras mi oreja y cerré los ojos, traté de concentrarme para escucharla, pero todos hablaban, lloraban y gemían, las sirenas de los bomberos se acercaban, no podía detectar a Jasna, me acerqué al edificio ante la mirada preocupada de todos, entonces, la escuché, gimoteaba y pronunciaba un nombre: “Zoran”.  ¡Maldición! ¡no! Jasna había ido por Zoran. Bordeé el edificio. Tenía que haber una escotilla que diera al sótano, la había visto cuando estuve adentro. Estaba tapada por la maleza, aun así la encontré y saqué el tubo de hierro que la mantenía cerrada. Arrojé mi mochila hacia los arbustos y  bajé al sótano, todo estaba lleno de humo. —Jasna, tenemos que salir de aquí, ahora —le dije en cuanto la vi —No me iré sin Zoran —¡Vamos! —la cogí del brazo —los bomberos ya vienen, ellos lo sacarán —¡Nooo! No me iré —no quitaba la mirada de Zoran que estaba desmayado en el suelo El humo no me dejaba respirar “Jasna, salgamos de aquí ¡Ahora!” pensé y ella no pareció escucharme y mucho menos, tener intención de obedecerme. Tal vez no funcionaba con todos o no sabía controlarlo, como pasaba con mis otros poderes —Está bien, esta bien, busquemos la llave —sabía que no la convencería de salir de ahí, entonces supe que no me había equivocado con ella. Me había sentido bien cerca de ella desde el primer momento y era genuinamente buena, mi corazón se aceleró de una forma extraña, de una manera en que nunca antes lo había hecho. —La tengo —dijo Jasna y entonces noté que yo no había hecho el mínimo esfuerzo por buscar la llave sino que me había quedado ahí, sumida en mis pensamientos —tengo la llave —¡Genial! Hay que sacarlo  Cada una cogió a Zoran de una de sus manos y lo arrastramos hasta sacarlo de la jaula.  Jasna lo sujetó de los tobillos, y yo de las muñecas, apenas lo levantamos, lo alzamos por las escaleras que daban hacia la escotilla, ambas tosíamos sin parar—saldré para jalarlo desde fuera, luego sales tú—le dije a Jasna, ella asintió con la cabeza Apenas logré sacar a Zoran, el techo del sótano se desmoronó sobre Jasna dejándome en shock. Deseé ser yo, tenía que haber sido yo. Yo había causado el incendio y si alguien tenía que morir en él, era yo.  Sentí que me aplastaban el estómago hasta quedar sin aire. Mis piernas se aflojaron al punto que me desplomé al lado de Zoran, ni siquiera sabía si estábamos lo suficientemente lejos del fuego, en realidad, no me importaba estar en peligro. Ahí, tendida boca arriba en el suelo, viendo el humo tratando inútilmente de alcanzar a las nubes blancas, manchándolas a lo lejos, como si no perteneciera... comprendí que mi madre tenía razón; no tenía que salir, no tenía que conocer a nadie, no tenía que involucrarme con nadie porque terminaba haciéndole daño a todo el que se me cruzaba. Yo era humo y los demás; nubes blancas en un cielo jodidamente azul, al que yo no pertenecía. Tenía que alejarme de todo y de todos, giré mi cuerpo hacia abajo y me levanté empujando las palmas de mis manos contra el suelo, fui por mi mochila y corrí, me adentré en el bosque y corrí sin rumbo, sin dirección, corrí hasta que un fuerte olor me detuvo; madera quemada mesclados con café, menta y cuero, la persona que había estado en casa la noche en que murió mamá, no comprendía qué podía estar haciendo ahí, en el bosque. Había caído la noche, la peculiar mescla de olores se hacía más intensa, sentí las hojas caídas de los árboles crujir, alguien se acercaba, miré entre los árboles...
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