Capítulo 7. Plan B: Hacer la compra

2070 Words
Nunca me había sentido tan calmado y cualquiera que esté a mi alrededor que me conozca de mi pasado, puede confirmarlo. Nuestros pasos son suaves cuando empujamos el carrito, ni siquiera me encuentro molesto cuando ella toma la parte delantera de el para que se mueva, puede hacer lo que desea y aun así, yo la dejaría. -Jhon- su voz se escucha lejos, hasta que diviso su mano agitarse delante de mí. Una sonrisa aparece en mis labios y niego con algo de vergüenza -¿Estas bien? Pareces perdido ¿Necesitas irte?- ella ladea su cabeza en busca de una respuesta que no le estoy dando, realmente no le quiero decir nada respecto a eso o el porque me fui realmente. -No- me sonrisa me traiciona y mis labios se curvan de solo verla moverse de un lado a otro –No me tengo que ir- empujo el carrito para llegar a donde están los empaques de azúcar y tomar uno y dejarlo en el carrito. -Uno para mí también, por favor- ella alza su mano mostrando su dedo incide. Asiento a lo que ella me pide y dejo la otra al lado de la que ya había puesto. -¿Compraste poco ese día?- le hago la pregunta porque recuerdo a la perfección cuando ella tuvo que hacer la compra sola. -Solo un poco, no pensé que acabaría regalándole un poco a mi vecino- ella comenta con suavidad mientras toma un trozo de queso y lo deja con suavidad dentro del carrito. Mi respiración se queda trancada en mis pulmones, mis dientes sienten el deseo de tomar algo y morderlo para pasar la rabia y la molesta ¿Vecino? ¿Qué maldito vecino? ¿Qué hombre pide azúcar? Ninguno, ningún hombre toca la puerta de una mujer sola para pedir algo. Hoy, hoy voy hacia ese vecino para tocarle la puerta y contarles los días de vida, ese desgraciado tocara a la puerta de la muerte si vuelve a molestarla ¿Acaso yo no sé lo que los hombres buscan? El desgraciado que murió en la estación de gasolina aquel día se lo gano por mirar de más. -¡Jhon!- mis hombros son agitados y mi corazón se acelera por sentir la manos de Debra encima de ellos. Vuelvo en sí y le dedico una sonrisa –Te veías enojado ¿Paso algo?- niego tratando de que ella deje de preocuparse, yo me encargare de todo. -Solo que Debra, no debes abrirle la puerta a todo el mundo- trato de sonar calmado y quitándole el malestar a la discusión leve que estoy teniendo internamente y verbalmente. -No se veía un mal hombre- ella se encoje de hombre mientras selecciona unas verduras para meterlas en una bolsita plástica. Dejo salir un suspiro y ella se gira a mirarme. -Solo trata de cuidarte, no todas las personas son buenas y no todas tienen intensiones agradables- ella junta sus cejas y me mira de arriba hacia abajo. Mi cuerpo se pone tenso pero ella suelta una carcajada. -¿Te hubieras visto?- el peso de mis hombros cae y niego con una sonrisa –Y ahora que estamos aquí hablando ¿Me vas a contar realmente que fue lo que paso en tu cabeza?- apunta hacia mi frente. Llevo mi mano y toco con suavidad en donde está la banda pegada y hago una mueca arrugando mi nariz. -Es una tontería, son cosas que me pasan con frecuencia- hago un puchero encogiéndome de hombros alzando mis manos. -¿Eres muy torpe?- me hace la pregunta cuando estoy tomando alguna de las verduras. No me gusta cocinar, pero quizás hacer esto con ella se vuelve algo cotidiano, debía aprender a cocinar, quizás un día la pueda invitar a casa y ofrecerle preparar una comida para ella. -Siempre cargo sangre en mi ropa- confieso sin mirarla, aun así miro por encima de mi hombro para ver la expresión e asombro recorrer sus ojos. –Siempre tengo algún accidente y me lastimo- trato de cubrir todo el desastre de mi trabajo. La sangre es algo muy común y cotidiana, me he acostumbrado a las grandes cantidades de sangre y el olor que ella desprende, en ciertas ocasiones incluso al sabor a hierro que ella posee, no puedes ser un asesino a sueldo que termina odiando a su mayor aliado. -Lo lamento, deberías envolverte en plástico burbuja- tiro mi cuerpo hacia atrás luego de lanzar las verduras, alzo mis brazos al cielo y comienzo girar haciendo énfasis a yo enrollándome al plástico. -Sería una buena idea ¿Tú me ayudarías?- le hago la pregunta llegando cerca de ella. Su rostro cambia a uno diferente mientras pasea su mirada por todo mi rostro, trato de contenerme a lamer los labios y sigo mi camino para tomar el carrito y continuar caminando. Mis ojos se cierran con éxtasis y trato de controlar mi respiración, bajo mi mano de forma discreta y ordeno mi erección para que no se note. Ella llega a mi lado. -Creo que tomare en cuenta tu consejo- la miro con el ceño fruncido mientras tomamos unos pocos condimentos, básicamente no sé qué es lo que estoy tomando, pero trato de imitar lo que ella toma y lo lanzo al carro. Luego podré hacer una investigación en internet sobre el uso de cada uno de ellos y quizás tener la esperanza de ser su salvador cuando alguno de ella se acabe. -¿Sobre qué?- le pregunto recordando a la perfección lo que ella me está queriendo decir. -El vecino, quizás sea bueno evitarlo por un tiempo hasta conocerlo mejor-  asiento a lo que ella dice, mi chica está ganándole unos días más de vida a ese hombre –Pero es que su esposo y su hijo se veían desesperados- mi rostro se gira con rapidez hacia ella.  Su mano cubre su boca con asombro como si ni hubiera dado la información completa –Lo siento, no te he dicho que es un hombre gay- -Eso no es nuevo, pero mejor debes prevenir- ella asiente y me da un vistazo. -¿De ti también?- me hace la pregunta deteniendo el carrito, ella se posa en la parte delantera para que no pueda moverlo, mis brazos están flexionados apoyados en su mayoría encima de la barra de empuje. -Puede ser que sí, puede ser que no- me encojo de hombros. Debra debería tener mucho miedo de mí, más de lo que le puede tener a cualquier hombre y es por eso que me encargare de alejar a cualquiera que desee ser un amigo cercano, esas personas siempre tratan de separar a las parejas y yo no permitiré que Debra empiece a llenar su cabeza de malos pensamientos por una estúpida persona. Sé cómo se trabajan las amistades y puedo conseguir dominar algunas, ella solo tendrá a las que yo desee que ella conozca, esas personas que siempre pensaran, que soy lo mejor que ella puede tener en su vida. -Pero me caes bien- se gira dejándome el paso libre. -Me alegro, tú también me caes bien- digo mirando alrededor –Empezar de cero en otro lugar nunca es agradable, pero lo estás haciendo mucho mejor para mí- le confieso mostrando sinceridad. Jhon es todo lo inverso a lo que es Erick, es un hombre casualmente apuesto, dedicado y entregado, trabaja desde su casa por internet haciendo miles de campañas publicitarias, él es un diseñador gráfico, también tiene  tiempo para hacer helado mientras que es un desastre. Erick por su parte es un desadaptado de la sociedad, un asesino que es pagado, que no tiene sentimientos a la hora de asesinar, que la sangre lo hace sentirse poderoso y la que ira junto a la rabia lo hacen explotar. Pero lo que ambos tienen en común, es el amor enloquecido por Debra, la única mujer que es para ellos. Yo soy Jhon para ella, y siempre será así, mientras que Erick siempre solventara su situación económica e incluso,  a quien le haga daño. -Creo que hemos comprado muchas cosas- ella mira hacia el carro y asiento. -A diferencia de ti, esta es mi primera compra- me encojo de hombros. -Pensé que habías ido luego de hacer tu pendiente- muerde su labio caminando hacia la caja. -No me había dado tiempo- -Entiendo, entonces ¿Con que partiste tu cabeza?- vuelve a preguntar y ahora sé que mi chica es una curiosa de primera y que hará hasta lo último por conseguir la información que ella tanto desea. -Me he caído en la ducha-  sus ojos se abren –El jabón en el suelo puede ser peligroso cuando sus ojos están llenos de el- confieso con algo de vergüenza. Ella no debe saber que todo fue a causa de un mal entendido. Creo que aquello se puede llamar así, masturbarse en la ventana junto a una mujer que pensé era ella, no creo que sea la mejor forma de socializar con mi chica. -¡Wow! Eso debía doler- paso con lentitud sus dedos por mi frente. Su toque es delicado y hace a mi corazón encogerse de amor. -Y dolió, también la cantidad de sangre en el baño fue un completo desastre ¿Sabes todo lo que me toco limpiar?- hago la pregunta con algo de broma. Los hoyuelos en sus mejillas me causan querer morderlas. -Siempre puedes usar agua- ladea su cabeza alzando sus cejas. -Casualmente fue la ducha- hago la misma expresión. -¿Todo junto?- pregunta la cejara. -¡Sí!- digo mientras que ella al mismo tiempo responde. -¡No!- nuestras miradas caen juntas y soltamos la risa. -Junto, por favor- saco el dinero y ella pone una mano encima de la mía en donde estaba el dinero. -No, yo paso por lo mío- niego dejando el dinero a la cajera que ve divertida nuestra discusión. -Solo es un agradecimiento por hacer la compra junto a mí, sobre todo después de haberte dejado hacerla sola la última vez que te ofreciste acompañarme. Solo es una muestra- la cajera me cobra luego de mi vaga explicación y ella sigue negando. Mis manos llevan las bolsas de ambos, ella lleva algunas pero estamos bien caminando. -No debiste hacer eso- ella ladea su cabeza y yo me sigo riendo. -Deberíamos tomar un taxi- alzo mi mano para detener uno. Ella está riéndose por lo atareado que me encuentro al llevar las bolsas y alzar mi brazo. Un taxi se detiene y nos subimos. -Eres fuerte ¿Haces ejercicio?- me hace la pregunta con algo de burla. -Puede ser- hago una pose coqueta, ella da la dirección al hombre y yo me hago el que no escuche para luego alzar mi rostro -¿Ya has dado tu dirección? Luego de que la dejes a ella puede dejarme a mí- el hombre asiente y doy mi dirección. -¡No puede ser!- ella ríe llevando sus manos a su boca. -¡¿Qué?! ¿De qué me perdí?- hago la pregunta mientras veo al chofer y a ella, ambos se miran con gracia. -¡Esa también es mi dirección!- mis ojos se abren con asombro. -¡Somos vecinos!- le respondo con alegría causando que el hombre se ría. -¿Cómo es que nunca te vi?- mi ceño se frunce. -¿No que eras nueva?- ella ladea y palmea su frente. -Lo siento, lo olvide- le restó importancia a la situación hasta que cuando nos bajamos del taxi yo cruzo la calle esperando que ella me siga pero eso no pasa -¿No vives aquí?- apunta hacia su edificio. Vuelvo a donde estaba con ella y niego. -¿No vives tu allá?- apunto hacia el mío. Los dos nos encontramos riendo de lo gracioso de la situación. -Quizás somos vecinos de edificio- ella sonríe con algo de confidencia por lo que está diciendo. -Y eso me parece perfecto- asiento hacia ella –Un placer hacer la compra conmigo, Debra. Espero volvamos a vernos- ella asiente mordiendo su labio, alza su mano para despedirse y entra al lugar bajo mi mirada. Cuando ella ya está segura dentro del edificio subiendo sus escaleras yo me dispongo a ir a mi departamento, quizás hoy fue un buen día para mí y  para que el plan B, resultara todo un hecho.   Plan B. Hacer la compra. Completado. Siguiente fase, en proceso.
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