CAPÍTULO VEINTICUATRO Mackenzie se mantuvo firme junto a la torre del agua hasta que divisó los primeros destellos de las luces de cruce que se avecinaban, atravesando la dispersa arboleda que había entre la campa donde había aparcado y el claro donde se erigía la torre. Habían pasado menos de tres minutos tras su llamada para cuando llegó el primer coche. Cuando el hombre se acercó a través del bosquecillo, no se sorprendió al ver que era el mismo agente que había saludado en la carretera de entrada. Mientras él avanzaba a toda prisa a través del bosque, aparecieron más luces de cruce reptando hacia ellos por detrás. Diez minutos después, la zona bullía de actividad. El alguacil Tate y el agente Roberts se quedaron junto a ella mientras que el ayudante Andrews y otros ocho agentes exami

