El amanecer pintaba el cielo con tonos suaves de rosa y dorado cuando Emily despertó. Afuera, el frío se colaba por las ventanas, pero dentro de casa, el olor a café recién hecho y pan tostado llenaba el aire con una calidez reconfortante. Sophie ya había salido con Lola hacía un par de horas; iban a un pequeño taller de manualidades navideñas en el pueblo. Emily agradecía ese tiempo a solas, aunque no podía evitar sentir que el silencio era demasiado abrumador. Vestida con unos jeans desgastados y un suéter grueso, Emily comenzó a limpiar la casa. Era una manera de mantener su mente ocupada, de evitar que sus pensamientos volvieran una y otra vez a Axel, a sus manos firmes, a la manera en que la miraba, como si ella fuera algo digno de ser admirado. Sacudió la cabeza con fuerza, reprendi

