HUGO DI SANTI –En tu vida vuelvas a desautorizarme frente a mi gente– no presiona fuerte mi garganta pero la mirada que me dedica esta cargada de letalidad. Deslizo la mirada hasta su cuerpo. Esta vez usa una camisa sin mangas blanca y pantalones de dormir. Inhalo su aroma. Parece que ha tomado una ducha porque huele a menta. –Escuchaste cerecita– vuelvo a poner la atención en su rostro. Podría mandarlo al carajo pero el que esté encima de mi deja cierta picazón en mi epicentro. –Escuché– susurro por lo bajo. Me suelta y se incorpora pasándose la mano que tenía rodeada en mi cuello por la cabeza. La luz de la mañana golpea la habitación y ahora puedo apreciarla con mayor detenimiento. Las cortinas son grises y las paredes en color gris claro. No hay mucha decoración den

