Trabajando por los sueños de todos... Nuestra misión en el extranjero terminaba y yo estaba dejando en alto el nombre de la universidad por la confianza que habían depositado en mí. Ignacio también la había guerreado aunque se había encontrado con unos tutores que lo querían reprobar. Recibimos nuestros títulos sin mucho protocolo porque ya queríamos regresar, tres años fuera de casa eran demasiados y sobre todo estando tan lejos de los nuestros. Había alcanzado a hablar con mi papá unas cuantas veces, pero ya había sido suficiente tortura para mí tener que despertarme y rogar al cielo que estuviese bien y con salud para cuando yo regresara. El viaje en avión fue un poco agitado, pero la felicidad de regresar borraba toda mala vibra y solo nos quedaban lás ansias del reencuentro y sent

