Ésta pregunta había tomado a Sebastian por sorpresa, quien realmente no había llevado ni preparado ningún discurso contando sus mejores características. Había puesto toda su confianza en su actitud y su buen habla, pero en ese momento la rubia lo había captado con la mente en blanco.
-Estoy esperando.-Le apuró ella, observádole fijamente.
Sebastian realizó unos movimientos con sus manos para disimular que en verdad, no sabía del todo si era apto para ese trabajo.
-Soy Sebastian Williams.-Sonrió, seductor.-Y creo ser el indicado para este trabajo porque haría todo lo que me pidas.
¿Había sonado bien o realmente quedaba mejor en su cabeza?
La rubia levantó ambas cejas, algo sarcástica.
-¿Ah, si? ¿Absolutamente todo, cara bonita?
-Todo.-Sonrió mostrando su blanca dentadura.
Ella pareció reflexionar sobre su respuesta, asintiendo con su cabeza.
-Bueno, y aparte de obedecer, ¿En qué eres bueno?
Él pensó un buen momento.
-Soy bueno redactando. Fui editor de un diario de la ciudad.
Ella pareció más interesada esta vez, investigando el nombre de su pretendiente en internet. Efectivamente, su curriculum anunciaba que era un escritor retirado.
-Mira nada más, no tienes pinta de escritor.-Bromeó mientras lo observaba de arriba a abajo.
-¿Y como se supone que se ve uno según tú?
Ella levantó sus hombros.
-No sé, no me des importancia. Simplemente creí que no eras bueno en algo.
Sebastian levantó una de sus cejas al oír las hirientes palabras de ella.
-Eso dolió.
-Si quieres ser mi asistente, oirás cosas peores de mi parte.
Sin darle mucha más importancia tecleó unas palabras en su computadora y levanto el teléfono que se encontraba en su escritorio. Marcó una tecla y comenzó a hablar.
-¿Patrick?¡ Podrías decirle a los niños que quedan que es todo por hoy?-Hizo una pausa oyendo a través de la linea.-Sí. Diles que me quedé sin tiempo pero que dejen sus teléfonos si quieren, yo veré de contactarles luego.
Dicho esto, colgó.
-¿Has cancelado a los demás porque ya sabes que soy lo único que necesitas?-Bromeó el moreno algo petulante. Ella para sorpresa suya, le sonrió algo divertida por su comentario.
-Claro que no, niño bonito. Tengo que irme y no tengo tiempo para seguir hablando aquí.-Tomó unas carpetas de su escritorio y las abrazó con ambas manos, poniéndose de pie.-Escucha. No creo que este sea el tipo de trabajo que busques, dudo mucho que realmente encaje contigo estar aquí.
Sebastian se sorprendió ante sus tan filosas y sinceras palabras. Suavemente, tomó su brazo para detenerla.
-Espera, por favor dame una oportunidad.
-No puedo simplemente confiarte la responsabilidad de ser mi asistente porque me lo pidas. Hay mucho en juego y realmente los demás muchachos se han mostrado más responsables y profesionales de lo que has sido tú.
-Oh, vamos...-Rogó rodando sus ojos.
-Has entrado sin permiso a mi oficina sólo porque te dió una rabieta y has llegado tarde.-Ella le miró fijamente.-No lo tomes personal. No me caes mal, pero no te veo siendo mi asistente. Y como yo soy la que toma siempre la última decisión aquí, creo que esta conversación ya se encuentra terminada. Un gusto conocerte, Williams.
Sin decir nada más salió por las grandes puertas, mientras un séquito de personas con distintos papeles y objetos en sus manos la seguían, haciéndole diferentes preguntas. Mientras ocurría todo el torbellino a su alrededor, ella se encontraba hablando por teléfono celular, en tanto se dirigía hacia el ascensor con todas esas personas. Le dió una última mirada a Sebastián, y antes de cerrarse las puertas metálicas, le guiñó un ojo.
El moreno suspiró soltando todo el aire que había estado guardando en sus pulmones. Ella era definitivamente en sus palabras, el diablo mismo. Tenía esa actitud arrogante y no temía decir las cosas que pensaba sin importar como repercutieran en la otra persona. Intentar convencerla había sido más difícil de lo que él se imaginaba. Desanimado subió al ascensor y presionó el boton que indicaba la planta baja. Cuando llegó a destino y las puertas se abrieron, se encontró con una caótica escena.
Rita se encontraba aún en el vestíbulo del edificio, mientras parecía observar algo sorprendida la calle de afuera. Aquella calle en cuestión, se encontraba abarrotada de diferentes fotógrafos y periodistas que le impedían el paso no sólo a ella, sino a su auto, haciéndole imposible el poder salir de allí.
Cuando Sebastian se acercó, oyó a la rubia hablar alterada con Patrick, aquél hombre que la acompañaba en las entrevistas por el nuevo asistente.
-¿Acaso no pueden mandarme un maldito taxi?
-Con un taxi tampoco podrás salir de aquí si ellos lo rodean. Es casi imposible salir de aquí en vehículo con ellos afuera.
Ella tomó el puente de su nariz, respirando profundamente.
-Caminar tampoco es una opción. Maldita sea.-Se quejó ella, al punto de un pico de estrés- Sino llego a la reunión con la editorial de las revistas no podré publicarlas para el comienzo de la semana de la moda. Tendremos que retrasar todo.
-Yo puedo llevarte si necesitas.-Soltó finalmente Sebastian, luego de haber estado oyendo toda la problemática.-Tengo mi moto cruzando la calle.
Rita lo observó, primero algo desconfiada pero después de ver aún como aquel tumulto de gente parecía no tener intenciones de irse rápidamente, pensó en aquella posibilidad con detenimiento. Miró a su mano derecha en busca de consejo.
-No creo que te queden muchas más opciones, Ri.-le respondió este, levantando sus hombros.
Ella suspiró resignada.
-Bien.-Él sonrió al oírle.-Pero luego no pienses que estoy en deuda contigo por esto.
Ella le miró amenazante, señalándole con su dedo. Él levantó ambas manos en señal de derrota mientras mostraba su hilera de dientes blancos.
-Claro que no, sólo intento ayudar.
-De acuerdo, entonces vamos.
Dejó sus cosas en la recepción e intentó llevar lo menos posible consigo misma. Inhaló hondo y abrió las grandes puertas de cristal. Aquella muchedumbre de personas se agolpaba acercándose a donde estaba ella, atacando con sus micrófonos y sus cámaras con flash.
-¡Rita! ¿Es acaso cierto que tu anterior asistente te abandonó porque no le pagabas su sueldo?
-¿Rita, se podría decir que sales con alguien actualmente?
-¡Rita! , ¡Por aquí! ¿Podrías adelantarnos algo sobre la semana de la moda?
Ella parecía consternada con las diferentes preguntas que parecían atacarle de todos lados. Intentó huir de aquellos micrófonos pero no encontraba salida alguna, siendo cegada en reiteradas ocasiones debido al flash de las cámaras. Al verla tan perdida, siendo lo más parecido a observar una presa indefensa a punto de ser devorada por una manada de tiburones, Sebastián tomó su mano con fuerza y la guió para escapar de la multitud. Éstos sin dar tregua los siguieron a ambos, sacando reiteradas fotos y haciendo preguntas al respecto.
Una vez cruzaron la calle y se dirigieron hacia donde se encontraba la motocicleta, él le extendió el único casco que tenía en su haber.
-Póntelo.-Ordenó el moreno. Ella tomó el casco entre sus manos mientras observaba desconfiada.-¿Qué sucede?
-No me gustan estas cosas.-Dijo señalando el vehículo.-Por favor, dime que no irás rápido.
Sebastian sonrió con sorna.
-Qué raro, yo pensé que alguien como tú no le temía a nada.
Ella lo fulminó con la mirada,mientras se acomodaba el casco en su cabeza.
-Muy gracioso, no me contaste que además eras comediante.
Él sonrió, subiéndose a la moto y encendiendo su motor.
-Bueno, tú no me has dado el tiempo para que te lo contase.
Sin decir nada más, el ojiverde arrancó y ambos se dirigieron hacia la dirección que la rubia le había otorgado minutos antes. Al principio las manos de la rubia se encontraban sosteniéndose del asiento, pero luego un rato y de una subida de velocidad considerable, no le quedó de otra que rodear con sus brazos el torso de Sebastian, quien la observó a través del espejo retrovisor, viendo como mantenía sus ojos cerrados con fuerza mientras apretaba temerosa su agarre hacia él. Sonrió ante la escena que además de graciosa, le resultaba algo tierna.
En pocos minutos llegaron a destino. Ella se bajó con rapidez y se quitó el casco, intentando peinar los rizos de su cabello con sus dedos. Se miró en el espejo retrovisor y acomodó su ropa antes de entrar. Miró a Sebastian, sonriéndole.
-Bien. Muchas gracias por eso, realmente lo aprecio.
-No hay de qué.-Le sonrió levemente Sebastian, intentando ser amigable.-¿Precisas que te espere a que salgas de aquí?
Ella negó rápidamente.
-Oh, no. No te preocupes, a partir de aquí puedo tomarme un taxi.
El moreno asintió con su cabeza.
-Bueno, de ser así entonces suerte con tu reunión.
-Gracias.-Sonrió ella.-Suerte a ti con...conseguir trabajo, supongo.
Ambos esbozaron una sonrisa levemente incómoda debido al comentario de la rubia y luego se despidieron, adentrándose Rita en el edificio y Sebastián aguardando la llegada de un mensaje mientras se encontraba sentado en su motocicleta.