Luciana ¿Niños de tercer grado mirándome el trasero? No sabía muy bien cómo responder a eso, así que me aclaré la garganta y dije: —Gracias por el consejo. —Un placer —respondió de una manera que sonaba como si de verdad lo fuera. Pero no en el buen sentido. Al menos, no para mí. Todavía sonriendo, entró al salón. Si esperaba que yo me pusiera a practicar borrando el pizarrón, iba a esperar sentado mucho tiempo. Si lo comentaba, le recordaría que solo usaría el pizarrón en el raro caso de que el pizarrón digital no funcionara. Tal vez le diría que planeaba que mis alumnos hicieran todo el borrado. —Te he visto por aquí —continuó Harvey—. No había tenido tiempo de saludarte todavía. Ser subdirector me mantiene más ocupado de lo que imaginarías. Pero supongo que es lo que se necesita p

