Ariel Para cuando regresé a casa, dejé a Evanne en su escuela y llegué al edificio de mi oficina, mi cabeza no se había despejado ni un poco. En realidad, no pensé demasiado cuando le pedí a Luciana que se quedara a pasar la noche. El resto del día lo pasaría dándole vueltas a qué demonios iba a decirle más tarde, cuando tuviéramos esa conversación. Porque teníamos que tenerla. No podíamos seguir haciendo… lo que fuera que estábamos haciendo. —Buenos días, señor Da Silva —dijo Tuesday cuando bajé del ascensor. Me extendió una taza grande de cerámica negra que decía Mejor Hermano Mayor. —¿Cómo haces siempre para saber cuándo estar en el ascensor? —pregunté. Di un sorbo a mi café. n***o, con un toque de canela. Tal como me gustaba. —Puedo ver cuando su auto llega desde la ventana de la o

