Luciana Mi determinación de mostrarle a Ariel que yo podía ser tan tranquila y sofisticada como él me duró menos de media docena de pasos. En cuanto vi el auto, los recuerdos me inundaron y la piel se me encendió, el corazón dándome un brinco. —Sigue siendo un auto muy bonito —bromeé, orgullosa de no haber chillado. —Eso creo. —Su mirada se deslizó por mi cuerpo y cada célula vibró con una electricidad nueva—. ¿Manejas? —Sí, sé, pero no tengo auto. Hice mi presupuesto con la meta de comprar uno después de graduarme, y solo me faltan un par de semanas para tener un margen de negociación. Usar transporte público era una buena forma de no endeudarme cuando estaba en la universidad. —Me di cuenta de que estaba hablando de más y me dio pena. Si seguía así, seguro me iba a mandar en taxi en

