Luciana —Tienes que estar bromeando. Cuando me había besado, mil cosas pasaron por mi cabeza al mismo tiempo, sin olvidar lo bien que se sentía, lo correcto que parecía. Pero siguiendo de cerca a ese pensamiento había llegado el sabor del alcohol, y había sido eso más que cualquier otra cosa lo que me despejó la mente. Quedó claro bastante rápido después de eso la verdadera razón por la que había venido. No para disculparse o preguntar por Soleil. Ni siquiera había venido realmente a contarme sobre Evanne. Había venido porque estaba borracho y excitado, y eso de alguna manera lo había hecho pensar que yo caería en sus brazos y luego en la cama. —Mierda. Lo siento. Soy un completo desastre. Su voz se quebró en la última palabra, y mi enojo dio paso a la simpatía. Nuestra pelea no signi

