En la noche acomodada en mi cama, viendo hacia la ventana, no podía dejar de pensar en Jon. Sabía que, pasara lo que pasara con Esteban, Jon permanecería cerca de mí, pero ahora con Nigromante, para él lo tenía todo, todo cuanto anhelaba. Pero en el corazón, pocas veces se puede dominar los que se quiere sentir. En lo más profundo de mi alma antes de cerrar mis ojos elevé una plegaria dando gracias al cielo por mi vida, y por haber conocido a Jon y a Nigromante. Tenía que renunciar a él, aunque mi corazón y mi alma entera se rehusara. Muy dentro de mí lo llamaba una y otra vez, pero nada podría hacer que Jon y yo estuviéramos juntos. Jon tenía demasiadas responsabilidades y aunque él decía que no existía había mucho sobre sus hombros. Tenía que sacarme cada deseo, cada anhelo de estar j

