Stephen había abierto las cortinas de par en par, gruñí, y le tiré un cojín en su dirección, el rio. - Vamos levanta, hay alguien que quiere que lo abraces. – abrí los ojos y me incorporé sentándome en la cama, ahí estaban ellos, mi hermoso marido sosteniendo en brazos a mi precioso bebe, se acercaron los dos y cogí a mi bebe en brazos, cada vez se parecía más a su padre, tenía sus grandes ojos grises cosa que agradecía, su pelo moreno era lo único que tenia de mi…lo demás, nada era mío. Nos habíamos mudado al centro de la ciudad, mi abuelo se quedó aquí…diría que la madre de Stephen le agrado…los chicos venían de vez en cuando a vernos y viceversa. Hoy sería un día estupendo, Alek cumplía un añito, iríamos a la casa de los abuelos y celebraríamos una pequeña fiesta, me dolía l
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