—Ponla en la jaula—, dije. —Ya he oído suficiente de su boca por hoy—. Martin asintió y levantó a Elena, caminó unos pasos hacia la jaula y la acercó al banco de castigo. —Entra—, ordenó. —Vete a la mierda, idiota—, escupió Elena. —No me voy a meter en una jaula—. Me acerqué y me paré frente a ella, mi sonrisa anterior reemplazada por un ceño fruncido. —¿Necesitamos otra repetición de tu último castigo?— Pregunté en voz baja. —Puedo hacer que Martin consiga la máquina, pero si lo hace, tu cerebro se revolverá antes de que la retire—. Ella tragó saliva ante mis palabras. —Conseguir. En. El. Maldito. Jaula. Ahora.— Lentamente se agachó y entró sin decir una palabra más, centrando su mirada en su indefensa amiga. —Ahora que volvemos a la normalidad—, dije, regresando a Savannah. —¿Qué s

