Finalmente estaba afrontando mi destino, luego de tanto tiempo que pasé desconociendo la razón de mi existencia, finalmente había descubierto porque fui creada. El lugar me traía viejos recuerdos y me gustó volver a torturar almas de personas malvadas. Ser la encargada no era tan malo porque podía decidir quién sí merecía estar aquí y quién no y eso me daba poder. No sabía si la Corona me estaba cambiando o si realmente disfrutaba tener ese poder. Todos los demonios me respetaban y ninguno podía oponerse a lo que decía, era divertido verlos humillándose ante mi. Pero el infierno era un lugar peligroso, Mi lado Ángel todavía seguía presente pero estaba segura que se iría poco a poco porque mientras estuviera en ese lugar, mi personalidad iría cambiando hasta volverse completamente oscura

