Lars Entro al juzgado con paso rápido, casi demasiado. Si no hubiera sido por Stella y su maldita —bendita— costumbre de enredarse en mí cada mañana, habría llegado puntual a la primera reunión, y por consecuencia, todo el día no estaría desfasado. Pero, ¿a quién quiero engañar? Que ella me retenga en la cama cinco minutos más es la única forma en la que quiero empezar el día. Hace año y medio que Stella se mudó a mi piso, y todavía no concibo despertar sin el calor de su cuerpo pegado al mío, ni el sonido de su risa medio dormida pidiéndome "un ratito más". Respiro hondo antes de entrar en la sala. El cliente me espera ya en su lugar, ansioso, moviendo un pie como si con eso pudiera acelerar el proceso. —Buenas tardes, Johnson— digo, firme, estrechándole la mano—. ¿Listo para comenz

