El sudor en mis manos no se detenía al igual que mis deseos de explotar, me sentía tan frustrada, ofuscada de todo; el hecho de que mi padre hubiera creído a ojos cerrados en la palabra de Hilary sin darme siquiera la oportunidad de explicarme me hacía plantearme el hecho de si en verdad yo le importaba algo, si el me quería, porque la verdad que tenía ante mis ojos me decía todo lo contrario y es que si él debía escoger entre ella y yo, estaba claro a quien escogería. Negué con la cabeza intentando callar mi mente y todos esos pensamientos asfixiantes, giré a la izquierda buscando lo que si mi memoria no me fallaba estaría en la próxima esquina, si, efectivamente ahí estaba, un pequeño motel. Lo conocía porque hace unos meses tuve que venir a recoger a Marcus hasta aquí, y aunque en su

