Al dÃa siguiente, sigo en mi habitación, el dolor de las heridas fÃsicas ahora acompaña al tormento emocional. La noche anterior, Esther habÃa llamado al médico para que revisara la herida, y ahora un vendaje cubre el corte en mi brazo. Me quedo mirando el techo, tratando de encontrar algún sentido en todo esto.
La puerta se abre de golpe, y Ruth entra sin tocar. Su rostro, que alguna vez me resultó familiar y reconfortante, ahora solo me provoca ira.
—Levántate de la cama y arréglate —ordena con una frialdad que corta más que cualquier vidrio—. Vamos a la empresa.
La miro con incredulidad, incapaz de comprender cómo puede ser tan insensible en un momento como este.
—¿De verdad crees que me importa la empresa en este momento? —respondo, mi voz llena de amargura.
Ruth se cruza de brazos, sus labios formando una lÃnea delgada.
—SofÃa, no tenemos tiempo para tus rabietas. Es hora de enfrentar la realidad. Christopher estará esperando y debemos cerrar el trato.
—¿Qué trato, mamá? —le grito, levantándome de la cama con una mezcla de rabia y desesperación—. ¿El trato de venderme? ¿De entregarme como si fuera una mercancÃa?
—Es por tu propio bien —insiste Ruth, aunque sus ojos evitan los mÃos—. No tenemos otra opción. Si no hacemos esto, lo perderemos todo.
—¿Y qué si lo perdemos todo? —replico, sintiendo las lágrimas amenazar con salir de nuevo—. PreferirÃa perderlo todo antes que casarme con alguien por un acuerdo que ni siquiera sabÃa que existÃa.
Ruth suspira y da un paso hacia mÃ, tratando de suavizar su tono.
—SofÃa, sé que esto es difÃcil, pero Christopher es un hombre poderoso. PodrÃa ofrecerte una vida que nunca imaginaste.
—¿Una vida de lujo? —miro a Ruth con desprecio—. Ya hemos tenido una vida de lujo, y mira dónde nos ha llevado. No, mamá, no lo haré. No sacrificaré mi vida por los errores de ustedes, errores y ambiciones.
Ruth aprieta los labios, su paciencia claramente agotada.
—Te guste o no, hoy irás a la empresa. Y hablaremos con Christopher. —Da media vuelta y se dirige a la puerta—. Tienes una hora para estar lista.
Mientras Ruth sale de la habitación, siento que la desesperanza me envuelve nuevamente. Pero entonces, decido que si voy a enfrentar esto, lo haré con la cabeza en alto. Hago lo que me pide mi madre, pero a mi manera.
Me pongo un vestido rojo que destaca todas mis curvas, una elección consciente para mostrar que no seré vista como una vÃctima. Arreglo mi cabello, dejando que caiga en suaves ondas, y me aplico un poco de maquillaje para resaltar mis rasgos. Me miro en el espejo y veo una versión de mà misma que está dispuesta a luchar.
Bajo las escaleras y salgo de la casa, donde mi madre ya me espera en el auto. Subo y noto su mirada aprobatoria.
—Asà me gusta —dice Ruth, con una sonrisa satisfecha.
No le respondo. Mi mente está en otra parte, preparando cada palabra y cada gesto para lo que viene. No permitiré que me dobleguen sin presentar batalla. El auto arranca y el trayecto hacia la empresa se convierte en un viaje hacia lo desconocido, donde cada kilómetro me acerca más al destino que aún no he decidido si aceptaré o no.
Mientras Ruth sale de la habitación, siento que la desesperanza me envuelve nuevamente. Pero entonces, decido que si voy a enfrentar esto, lo haré con la cabeza en alto. Hago lo que me pide mi madre, pero a mi manera.
Me pongo un vestido rojo que destaca todas mis curvas, una elección consciente para mostrar que no seré vista como una vÃctima. Arreglo mi cabello, dejando que caiga en suaves ondas, y me aplico un poco de maquillaje para resaltar mis rasgos. Me miro en el espejo y veo una versión de mà misma que está dispuesta a luchar.
Bajo las escaleras y salgo de la casa, donde mi madre ya me espera en el auto. Subo y noto su mirada aprobatoria.
—Asà me gusta —dice Ruth, con una sonrisa satisfecha.
No le respondo. Mi mente está en otra parte, preparando cada palabra y cada gesto para lo que viene. No permitiré que me dobleguen sin presentar batalla. El auto arranca y el trayecto hacia la empresa se convierte en un viaje hacia lo desconocido, donde cada kilómetro me acerca más al destino que aún no he decidido si aceptaré o no.
Al llegar a la empresa Rossi, entramos en la recepción. La recepcionista nos recibe con una sonrisa, pero mi madre, como siempre, la ignora. Yo, en cambio, le devuelvo la sonrisa antes de continuar mi camino. Subimos a la segunda planta y nos dirigimos directamente a la sala de juntas.
Entramos sin avisar y todos se sorprenden al vernos. Ruth saluda con una voz clara y precisa.
—Christopher Moretti viene para la empresa —anuncia, con un tono de autoridad que no admite cuestionamientos.
Uno de los presentes se atreve a preguntar:—¿Cuál es el motivo de su visita?
Ruth, con un orgullo evidente, responde:—Christopher Moretti será el esposo de mi hija y futuro dueño de la empresa.
Siento cómo una ola de molestia me recorre al escuchar esas palabras de mi madre. Todos en la sala se miran sorprendidos por la noticia, mientras yo permanezco en silencio, conteniendo mi enojo y tratando de mantener la compostura.
Mientras esperamos, mi madre se toma un café tranquilamente. Yo miro por la ventana, intentando ordenar mis pensamientos. Los minutos pasan lentamente hasta que finalmente Christopher llega. Su saludo es cordial y todos responden en igual medida. Yo, sin embargo, no le presto atención y continúo mirando por la ventana, perdida en mis propias preocupaciones.
El abogado de Christopher saca los papeles y comienza a explicar los términos. Mi madre firma rápidamente y luego me llama para que haga lo mismo. Mi mente está llena de pensamientos contradictorios, pero sé que debo tomar una decisión. Suspiro profundamente y me doy la vuelta. Al hacerlo, noto que Christopher no me quita los ojos de encima.
Camino hacia él, cada paso cargado de una mezcla de determinación y resignación. Tomo el bolÃgrafo y me inclino para firmar. Mientras lo hago, veo la sonrisa en el rostro de Christopher, una sonrisa que parece tener múltiples significados.
Firmo y luego lo miro directamente a los ojos. Christopher frunce el ceño y se levanta de golpe. En dos zancadas, llega hasta mà y me agarra con delicadeza por el brazo.
—¿Qué te pasó en el brazo? —me pregunta con una voz que mezcla preocupación y autoridad.
Por un momento, no entiendo a qué se refiere. Entonces recuerdo la herida que me hice la noche anterior. Miro hacia abajo y veo el vendaje que cubre el corte.
—No es nada —respondo, intentando restarle importancia—. Solo un accidente.
Christopher no parece convencido. Su mirada es intensa y examina mi rostro como si buscara la verdad en cada uno de mis gestos. Mi madre, aparentemente ajena a la tensión entre nosotros, solo se preocupa por los papeles firmados y la confirmación de que todo está en orden.
En ese momento, me doy cuenta de que estoy atrapada en una situación mucho más complicada de lo que habÃa imaginado. Firmar esos papeles no solo significa un cambio en la propiedad de la empresa, sino también un compromiso que afectará cada aspecto de mi vida. Y Christopher Moretti, con su mezcla de poder y misterio, está en el centro de todo.
Todos los presentes en la sala nos miran con sorpresa. Me disculpo rápidamente y salgo de la sala, sintiendo la presión de sus miradas en mi espalda. Camino a paso rápido hacia el baño y, una vez allÃ, me encierro en uno de los cubÃculos. Me siento en el inodoro y trato de calmar mi respiración, que se ha vuelto errática.
La realidad de lo que acaba de ocurrir comienza a asentarse en mi mente. Firmé los papeles y, con eso, ahora todo le pertenece a Christopher. Ya no hay vuelta atrás. Las lágrimas amenazan con volver, pero las contengo, sintiendo una mezcla de impotencia y rabia.
Pienso en cómo me he encontrado atrapada en esta situación, en cómo mi propia madre me ha empujado a este destino. Y ahora, casarme con Christopher es la única opción que parece quedar. Me pregunto qué haré, cómo podré enfrentar lo que viene.
Después de unos minutos, mi respiración comienza a estabilizarse. Salgo del cubÃculo y me miro en el espejo. Mis ojos están rojos, pero mi expresión es decidida. No importa lo que suceda, encontraré una forma de seguir adelante, incluso si eso significa tener que enfrentar a Christopher Moretti y todo lo que representa.
Finalmente, me lavo la cara, trato de recomponerme y salgo del baño, lista para enfrentar lo que venga.