Reglas, malditas reglas. Dylan suspiró, si su gente se daba cuenta de que estaba actuando como un humano, tratando de conquistar a una mujer en vez de tomarla como lo hacían los de su clase, estaría en problemas y convertiría a Astrid en un nuevo objetivo para ellos. —¿Estás seguro de que todo está bien? —preguntó al escucharlo gruñir. Era un sonido extraño e inhumano. Astrid pensó que estaba escuchando mal. Debía estar igual o más cansada que Dylan para estar imaginándose cosas de nuevo. —Te ves terrible, creo que será mejor que vayas directamente a tu habitación, apenas lleguemos. Voy a prepararte una sopa —le prometió, abriendo la puerta del auto para que Dylan se subiera. Él no puso objeción, tampoco respondió. Se sentía incapaz de pronunciar una sola palabra, pues estaba seguro d

